"Como si aún no hubiera despertado de su última pesadilla, Gabriella Ángel se encontró de pronto en medio del caos de unas calles repletas de automóviles abandonados y de gente que, intentando esquivar los latigazos que descargaban las ondas explosivas de las bombas, corría de un lado a otro enloquecida.
Había pasado la noche conversando con Diana, su amiga del alma, quien no había logrado salir a tiempo para su casa y tuvo por eso que quedarse en el apartamento. A las seis de la mañana, cuando el padre de Diana pasó por ella, Gabriella pudo al fin pegar el ojo. Soñó casi de inmediato con Federico. Lo vio recostado sobre la banca de un parque, como si estuviera durmiendo, tapado con una gran manta que le cubría hasta el rostro, pero que le dejaba al descubierto los pies, calzados con unos zapatos viejos. Gabriella se acercó y le quitó la manta de encima y así descubrió su calavera, horrenda y sonriente. En un lapso no mayor a dos horas, Gabriella despertó varias veces y varias veces se durmió. Cada vez, el sueño se repitió idéntico, sólo que algunos detalles se fueron sumando, casi imperceptibles, a la escena inicial. En el último, pudo identificar el parque y las calles aledañas. Se trataba de la plaza de Lourdes, precisamente el lugar donde Diana había asegurado haberlo visto la última vez. No lo pensó más. Salió a la calle en su búsqueda."
El golpeteo rítmico del platillo parece abarcarlo todo mientras comienzo a leer el texto haciéndose cada vez más presente, inundando sin clemencia la habitación en la que me encuentro.
Gabriela corre por el caos de las calles repletas de coches abandonados y mientras yo intento ponerme en su lugar y mientras corre, recordar la conversación con Diana. Y sin embargo y a pesar de la originalidad del texto, personalmente me cuesta mantener la atención en él puesto que el hilo argumental del texto, no sólo es fino, sino que a veces se corta directamente.
A pesar de todo, está narrando una noche intranquila y me lo transmite perfectamente porque es muy similar a mi lectura; así y de manera física y conceptual me hace partícipe de los sentimientos de la protagonista. Finalmente, hace lo que haría cualquier lector ante un texto así o un soñador que atraviesa una noche intranquila y llena de presagios: Gabriela sale a busca a Federico.
En mi caso, este tipo de entradilla daría pie a un relato intranquilo, de búsqueda de algo perdido bajo la forma de Federico que no necesariamente ha de ser una persona. Está íntimamente relacionado con el pasado de la persona, sin el cuál no tendría sentido, y es su inicio y su final. Me inspira una crónica de una muerte anunciada, algo que debe ocurrir y que no puede ser eludido ya que forma parte del proceso de madurez del personaje que se ve vuelto en este pasaje.
Personalmente, el ritmo constante y envolvente tiene sentido en esa búsqueda ya que hace patente esa intranquilidad del personaje. Aun así, me parece demasiado agobiante y debería haber una opción para modularla.
En otro orden de cosas, el corto que aparece al inicio expresa a la perfección el sentimiento que el texto posterior prentende transmitir.
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