domingo, 24 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Catástrofes

"Todo parece dispuesto ahora para que Gabriella descubra ese sentido que ha estado indagando desde que llegó al cuarto de Federico. Cualquiera habría confundido las hojas de periódico (que esparcidas sobre el suelo, aumentaban la sensación de desbarajuste) con basura; pero, al igual que las otras cosas, han despertado en ella la curiosidad y ahora le ofrecen una visión. Al ordenarlas, le han revelado relaciones insospechadas. No son hojas sueltas, ni desecho de papel para fabricar una alfombra improvisada: muestran una curiosa selección, un delicado trabajo de documentación. ¡Después de todo, él no había renunciado!

Mientras la impresora va soltando las hojas donde se imprimen los archivos que Gabriella ha encontrado en el computador, la sensación de que el tiempo que ha gastado en la mudanza no ha sido en vano, la sobrecoge. Y siente que ha logrado desocultar lo desconocido, que a la par con la criatura que lleva en el vientre está concibiendo otra: una criatura que surge desde la palabra, de sus propias manos, del silencio. Ahora está segura de que este reguero innumerable que Federico ha dejado en su huida tiene una huella. Con esa expectativa empieza a leer las memorias del proyecto que Federico ha registrado en los archivos del computador. Al principio con temor, después con sorpresa y al final con rabia..."



Hasta las últimas páginas, este relato en cierto modo me recuerda a Senectud de Italo Svevo porque parece narrar un presente carente de verdadero sentido pero en el que se trata de atisbar fragmentos de claridad en un mar de niebla. Y la vida transcurre a su alrededor, y analiza a las personas que por ella pasan, se pasean y se van sin otorgarle mayor sentido, a pesar de todos los análisis que el autor pretende realizar de ellos. Siento un vacío en él muy grande, muchas palabras, demasiadas letras, un ansia tremenda por hallar una razón verdadera, en caso de que la haya para él.

Y tal vez no es más que un fiel reflejo de muchos de nosotros que tratamos de encontrar el Sentido en los lugares más insospechados, anteponiendo lo urgente a lo importante llagando a no poder distinguir entre uno y otro. Y navegamos entre un mar de serpientes como decía Silvio Rodríguez, que se nos meten dentro y nos devoran el alma prometiéndonos la Felicidad eterna, y nosotros nos negamos a darnos cuenta de que la Felicidad son pequeños momentos de plenitud en este mundo de vacío y consumo en el sentido más literal de la palabra.

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