jueves, 21 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Atrapados

"Qué era todo eso realmente: ¿una broma, una equivocación, una locura? ¿Cómo entender esa extravagancia de un “principio de ilusión”? ¿Qué tenía que ver el Guerrero en este asunto? ¿Qué tipo de historia era esa que se valía de algo tan doloroso como la guerra? ¿Qué tipo de realidad? ¿Qué tipo de ficción?...

Gabriella caerá en una desazón terrible. Toda su esperanza se derrumbará...Y sobre todo se sentirá manipulada: así que todo ha sido una farsa, una mentira; así que la ausencia de Federico, su decisión de abandonarla, su proyecto."



Atrapados en las ruinas de un edificio, intentando rescatar a los que aún queden vivos, intentando sobrevivir a los derrumbamientos, a las circunstancias, ¿a la vida tal vez?

Sin llegar a los problemas de personalidad múltiple, todos estamos dentro de un edificio en el que conviven distintas facetas de nuestro carácter, que luchan por imponerse. Las más claras son el Niño, que lucha por la más pura supervivencia sin ser capaz de sacrificarse por obtener en un futuro un resultado mejor; el Padre, una clara proyección de uno de los progenitores, tanto positiva como negativa; y finalmente, el Adulto la persona que se ha desarrollado con sus propios criterios, dualidades y contradicciones, y con rasgos y facetas de las personalidades anteriores. Esas son las más claras. Sin embargo, no hemos de olvidar los roles que ejercemos y de los que demasiado a menudo, somos esclavos. Como claro ejemplo de ello tenemos las reuniones de antiguos alumnos, para qué comentar más.

Aplicando esta proyección al relato, el edificio en ruinas es claramente una persona que acaba de sufrir una experiencia traumática, así como su entorno que como él, siente que se derrumba a su alrededor, mientras las diferentes facetas de su carácter tratan de imponerse aportando diferentes soluciones en función de los rasgos que representan: valentía - cobardía, arrojo, razón - sinrazón, esperanza - derrota. Dualidades siempre presentes en una realidad basada en los opuestos esenciales como los antes nombrados.

Sin embargo, al final del relato encuentran un fragmento de lo que aquí llaman un informe, que otros llamaron Tablas del Destino y otros el Libro del Porvenir. ¿Antigüedad? El inicio del Universo. ¿Final? ...

Ahora, mientras escribo esto, uno de los Eternos, Destino -Potmos lo llamaron los antiguos griegos-, estará leyendo de ese libro, encadenado a su brazo, lo que tecleo mientras pasea por su laberíntico Jardín de los senderos que se bifurcan.

Nota: Jardín de los senderos que se bifurcan fue el nombre que le otorgó Jorge Luis Borges.


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