domingo, 24 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Voces

"No había nadie en la calle. Un silencio aterrador se extendió de pronto por toda la ciudad. A lo lejos, contra los cerros, Gabriella alcanzaba a distinguir algunos fogonazos débiles y mudos que más bien parecían fuegos artificiales. Quizás los ataques habían cesado por hoy. Pensar que tan sólo seis meses antes, la ciudad no conocía la incertidumbre de una guerra tan sucia como ésta en la que ahora estaban todos embarcados. Había estallado de pronto, sin ningún aviso, sin la posibilidad de comprender su origen o su justificación. Hoy, ya no había ninguna certeza: el orden había sido destruido.


Las casetes de audio estaban en mal estado; algunas, incluso, lucían inservibles, otras sin sus cajas o sin ninguna identificación. Así que Gabriella tomó una, marcada con la palabra «Lucas» y la introdujo en la grabadora. Al principio sonó un fragmento de música clásica y, luego, la voz de Federico (ahogada por la interferencia de sonidos callejeros) anunció una entrevista."



Voces. Voces que nos cuentan su juventud, la juventud de una generación. Voces que nos cuentan lo que es añorando lo que fue. Voces que nos recuerdan el pasado para que no lo olvidemos. Voces grabadas en un pasado para que no se pierdan y se escuchen en un futuro hablando de un tiempo lejano que añoran.

Gabriella Infinita: Revelaciones. Catástrofes

"Todo parece dispuesto ahora para que Gabriella descubra ese sentido que ha estado indagando desde que llegó al cuarto de Federico. Cualquiera habría confundido las hojas de periódico (que esparcidas sobre el suelo, aumentaban la sensación de desbarajuste) con basura; pero, al igual que las otras cosas, han despertado en ella la curiosidad y ahora le ofrecen una visión. Al ordenarlas, le han revelado relaciones insospechadas. No son hojas sueltas, ni desecho de papel para fabricar una alfombra improvisada: muestran una curiosa selección, un delicado trabajo de documentación. ¡Después de todo, él no había renunciado!

Mientras la impresora va soltando las hojas donde se imprimen los archivos que Gabriella ha encontrado en el computador, la sensación de que el tiempo que ha gastado en la mudanza no ha sido en vano, la sobrecoge. Y siente que ha logrado desocultar lo desconocido, que a la par con la criatura que lleva en el vientre está concibiendo otra: una criatura que surge desde la palabra, de sus propias manos, del silencio. Ahora está segura de que este reguero innumerable que Federico ha dejado en su huida tiene una huella. Con esa expectativa empieza a leer las memorias del proyecto que Federico ha registrado en los archivos del computador. Al principio con temor, después con sorpresa y al final con rabia..."



Hasta las últimas páginas, este relato en cierto modo me recuerda a Senectud de Italo Svevo porque parece narrar un presente carente de verdadero sentido pero en el que se trata de atisbar fragmentos de claridad en un mar de niebla. Y la vida transcurre a su alrededor, y analiza a las personas que por ella pasan, se pasean y se van sin otorgarle mayor sentido, a pesar de todos los análisis que el autor pretende realizar de ellos. Siento un vacío en él muy grande, muchas palabras, demasiadas letras, un ansia tremenda por hallar una razón verdadera, en caso de que la haya para él.

Y tal vez no es más que un fiel reflejo de muchos de nosotros que tratamos de encontrar el Sentido en los lugares más insospechados, anteponiendo lo urgente a lo importante llagando a no poder distinguir entre uno y otro. Y navegamos entre un mar de serpientes como decía Silvio Rodríguez, que se nos meten dentro y nos devoran el alma prometiéndonos la Felicidad eterna, y nosotros nos negamos a darnos cuenta de que la Felicidad son pequeños momentos de plenitud en este mundo de vacío y consumo en el sentido más literal de la palabra.

jueves, 21 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Atrapados

"Qué era todo eso realmente: ¿una broma, una equivocación, una locura? ¿Cómo entender esa extravagancia de un “principio de ilusión”? ¿Qué tenía que ver el Guerrero en este asunto? ¿Qué tipo de historia era esa que se valía de algo tan doloroso como la guerra? ¿Qué tipo de realidad? ¿Qué tipo de ficción?...

Gabriella caerá en una desazón terrible. Toda su esperanza se derrumbará...Y sobre todo se sentirá manipulada: así que todo ha sido una farsa, una mentira; así que la ausencia de Federico, su decisión de abandonarla, su proyecto."



Atrapados en las ruinas de un edificio, intentando rescatar a los que aún queden vivos, intentando sobrevivir a los derrumbamientos, a las circunstancias, ¿a la vida tal vez?

Sin llegar a los problemas de personalidad múltiple, todos estamos dentro de un edificio en el que conviven distintas facetas de nuestro carácter, que luchan por imponerse. Las más claras son el Niño, que lucha por la más pura supervivencia sin ser capaz de sacrificarse por obtener en un futuro un resultado mejor; el Padre, una clara proyección de uno de los progenitores, tanto positiva como negativa; y finalmente, el Adulto la persona que se ha desarrollado con sus propios criterios, dualidades y contradicciones, y con rasgos y facetas de las personalidades anteriores. Esas son las más claras. Sin embargo, no hemos de olvidar los roles que ejercemos y de los que demasiado a menudo, somos esclavos. Como claro ejemplo de ello tenemos las reuniones de antiguos alumnos, para qué comentar más.

Aplicando esta proyección al relato, el edificio en ruinas es claramente una persona que acaba de sufrir una experiencia traumática, así como su entorno que como él, siente que se derrumba a su alrededor, mientras las diferentes facetas de su carácter tratan de imponerse aportando diferentes soluciones en función de los rasgos que representan: valentía - cobardía, arrojo, razón - sinrazón, esperanza - derrota. Dualidades siempre presentes en una realidad basada en los opuestos esenciales como los antes nombrados.

Sin embargo, al final del relato encuentran un fragmento de lo que aquí llaman un informe, que otros llamaron Tablas del Destino y otros el Libro del Porvenir. ¿Antigüedad? El inicio del Universo. ¿Final? ...

Ahora, mientras escribo esto, uno de los Eternos, Destino -Potmos lo llamaron los antiguos griegos-, estará leyendo de ese libro, encadenado a su brazo, lo que tecleo mientras pasea por su laberíntico Jardín de los senderos que se bifurcan.

Nota: Jardín de los senderos que se bifurcan fue el nombre que le otorgó Jorge Luis Borges.


domingo, 17 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Mujeres

"Las explosiones retornaron. Aunque se podían escuchar las detonaciones, éstas no lograban alterar la quietud del aire que se había estacionado en la habitación —lo que indicaba que los ataques seguramente se habían trasladado a otro sector de la ciudad—.

Gabriella, sin embargo, decidió aligerar la mudanza. A lo mejor era la ocasión que debía aprovechar para volver a su apartamento. Armó varias pilas con los libros y los empacó todos en una gran caja. Volvió sobre la ropa y construyó un atado con las sábanas de la cama. Despejó la mesa del comedor para colocar allí otras cosas y entonces descubrió, bajo el mantel, una carpeta de aspecto similar a la del Informe del Guerrero. Limpió la pasta y leyó el título: No pudo evitar la curiosidad."



Las mujeres y los hombres vivimos en un mismo mundo pero lo vemos de maneras distintas. Desde pequeños se nos inculca claramente nuestro rol en la sociedad. Las niñas deben cruzar las piernas, deben ir peinadas, deben ir limpias, deben ser comedidas, no deben decir tacos, no deben decir lo que piensan, ¡ah! y por cierto, no hay amigas, hay competidoras - amigas, eneamigas. En cambio los chicos, excepto llorar pueden ser guarros, no estudiar, pueden decir tacos, eso sí tiene que triunfar en la vida, ser algo, pero eso más tarde. Para los niños hay competidores pero también hay amigos y puede haber rivales pero no necesariamente enemigos.

Y al final, nos juntamos pero en mundos distintos, en una misma casa pero en distintas habitaciones porque el hombre intenta que sea su aliado y la mujer sospecha de las mujeres que intentan ser sus amigas porque algo querrán. Los roles nos acosan y no nos damos cuentan; y como al elefante, de pequeños nos ataron a una piqueta que no pudimos arrancar del suelo por más que tiramos, y de mayores seguimos atados a dicha piqueta, a pesar de lo pequeña que esta es y lo grande que nos hemos vuelto, el elefante y nosotros, porque nos acordamos que de pequeños, por más que luchamos, no pudimos liberarnos.

Pero los roles están para romperlos así no ser Matilde, Lucero, Angelita, Luisa, Alcira, Claudia y Gabriella, porque sí tenemos la libertad de romper roles, aunque sea una tarea ardua pero al fin y al cabo, digna de nosotros.

viernes, 15 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. Dominoes

 DOMINOES

"El fluido eléctrico se restableció después de algunos minutos. Las fulguraciones ya no producían ningún sonido, lo cual sugería que los bombardeos se habían alejado aún más todavía del centro de la ciudad, como si los agresores estuvieran ahora experimentando alguna táctica distinta: el desconcierto total o el agotamiento de la resistencia, quién sabe; tal vez se trataba de la preparación del final.

Gabriella encendió la luz de la sala y se dirigió hacia el viejo computador. Tenía la intención de encenderlo para examinar sus contenidos, pero entonces se tropezó con la pila de videos. Eran varias casetes, marcadas con nombres extraños: Golden gate; Este verano, la libertad; El gran contacto. Decidió mirar uno que le llamó la atención: DOMINOES. Lo recogió y lo introdujo en la casetera que se encontraba al lado."



¿Realmente estamos dominados como se afirma en las once jugadas? Yo creo que sí, pero no de la forma en que se expone en este relato ya que si nos leemos detenidamente el relato y en general este tipo de teorías (Klein, N.: No logo) con las que, por otra parte, coincido plenamente, la cosificación de las tendencias siempre es posterior ya que como es lógico, y por absurdo que parezca, no puede cosificarse algo que no existe y por ello, siempre seremos "libres", al menos en ese sentido.

Sin embargo, yo pienso la libertad como tal no existe, y no porque una persona o entidad nos la haya quitado. Según maduramos, perdón comencemos de nuevo. Según va transcurriendo la vida para unos, según van madurando otros, vamos adquiriendo costumbres, hábitos, nuestras reacciones se van haciendo más predecibles y las opciones se van limitando cada vez más, sean en el sentido que sean. Si a esto añadimos las reglas sociales, las reglas morales y la aleatoriedad de demasiadas cosas, comprobaremos que en nuestra vida tenemos libertad de elección en muy pocas cosas y la mayoría de estas, nimiedades.
Personalmente, pienso que la única libertad importante, relevante que tenemos es la libertad de tomarnos las cosas como queramos. En ese sentido pienso que sí tenemos verdadera libertad aunque existan factores que nos puedan influir. Pero, al fin y al cabo, es la única que tenemos.

Adendum: Jack Keruak perteneca a la Generación Beat, la generación del desencanto que poco tenía que ver con los hippies salvo, tal vez, la época.

jueves, 14 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Ruinas IV

"Gabriella, se acercó al mostrador y tocó la campanilla de anuncio, pero no obtuvo ninguna respuesta. Desde el fondo del pasillo, una mujer vieja se asomó y la observó con desfachatez. Avergonzada, tomó las escaleras hacia el segundo piso. Mientras subía hacia la habitación de Federico, oyó el rumor de una radio y recordó que durante las últimas semanas no había escuchado ni una sola melodía, ni siquiera la odiosa estridencia con que sus vecinos escandalosos de otros días solían inaugurar las mañanas. Entonces cayó en la cuenta de que había sido esa nostalgia lo que había malogrado su ánimo. Se sintió aún más miserable al sospechar que la soberbia le había impedido anticipar todo lo que ahora se venía. Pero, al escuchar de nuevo ese ronroneo monótono de los locutores que durante las últimas semanas había convertido la respiración de la ciudad en una insoportable letanía, ya no supo qué pensar... Quizás esto no era sino el final de esa pesadilla que había comenzado con la inaudita desaparición de Federico."



Respuestas. Nos pasamos la vida esperando respuestas. Respuestas de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros amigos, de nuestra pareja... Incluso le rogamos a Dios que nos dé las respuestas a nuestras preguntas. Pero no las hay. No las hay porque siempre que encontramos una respuesta al menos una nueva pregunta ocupa su lugar y nos sentimos desvalidos ante nuestra incapacidad de crear un mundo que podamos controlar al 100% sin darnos cuenta de lo aburrida y lo triste que sería nuestra vida si ésta fuera así. Pero nos da igual. Cerramos los ojos, corremos un tupido velo y nos tapamos los oídos ante el temor de que acontezca algo radicalmente distinto a lo que estamos acostumbrados.

Y mientras, la ciudad sigue respirando a nuestro alrededor intentando hacernos pensar que no está viva. Y de vez en cuando nos perdemos por calles que creíamos conocer de cabo a rabo porque en realidad no la conocemos, conocemos sus plazas, sus avenidas, sus aceras y sus farolas pero ella se esconde detrás, se refugia en sus sombras, en sus rincones, en sus balconadas. En sus sótanos y en sus calzadas habita ajena a nosotros y nosotros a ella en dimensiones distintas pero en una realidad común; y nos mira con curiosidad mientras, siempre con prisa, recorremos ansiosos sus calles intentando llegar a un lugar, siempre confundiendo lo urgente con lo importante sin que esto parezca importarnos, dejando atrás nuestra vida y nuestros seres queridos como quien deja atrás un par de zapatos usados, dejando atrás nuestro pasado y nuestro presente huyendo hacia un futuro incierto.

martes, 12 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Revelaciones. El Guerrero

El Guerrero

"El mote de Guerrero lo había inventado Federico, inspirado en su lectura sobre la cultura de los Yaky. Según Federico, este hombre había llegado a ese grado de conocimiento que el brujo Don Juan denominaba el estado del Guerrero. Según los responsables del hospital psiquiátrico, no obstante, Antonio Rickemann —su nombre auténtico— era un paciente esquizofrénico más, hundido en su propio mundo patológico. Y no hubo jamás manera de convencer a esos idiotas del hospital de algo tan ajeno a sus certidumbres.

Pero lo que más sorprendía a Gabriella era la capacidad anticipatoria del anciano. En su escrito estaba previsto que dos jóvenes como ellos lo visitarían con alguna frecuencia y se convertirían en sus aliados Podría pensarse que el viejo sólo acomodaba los hechos, que los hacía entrar en la dinámica de su propia lógica y luego los exponía como anticipaciones. ¿Engaño, trampa, alibi? Gabriella nunca estuvo segura. Ahora, con el informe en sus manos, sin embargo, encontraba hechos, datos, circunstancias que no podrían ser explicados sino bajo la teoría del alibi. Si esto era cierto, ¡ella misma podría ser ahora simplemente el producto de su imaginación!"


Nuestra imaginación. Existe una teoría en la que al pensar demuestro que yo existo, sin embargo, los demás no son más que meras manifestaciones de mi consciencia así como la realidad que me rodea. Una teoría bastante triste por otra parte porque eso supondría la soledad más absoluta y la incapacidad de compartir nuestras vivencias, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, con otras personas, con todo lo que ello supone. Estar presos en una realidad en la que nadie puede consolarnos es descorazonador. Por ello, prefiero pensar que no es cierto, que sí que existen otras personas con las que compartir mis momentos de felicidad y de tristeza.

Y sí, tal vez no tengamos un poder real de decisión en esta vida ya que la mayoría de las decisiones importantes, por no decir todas, han sido tomadas por nosotros --niño o niña, país desarrollado o país pobre, clase social, sociedad en la que se desarrolla, oportunidades que se le dan...-- pero siempre nos quedará la libertad de tomarnos las cosas como queramos o como nos permitamos a nosotros mismos.


lunes, 11 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Ruinas III

"Aunque resultaba casi imposible caminar por las calles, ahora prácticamente desempedradas, Gabriella -más resignada que decidida- prosiguió su ascenso. Convencida de que había aún esperanzas de encontrar a Federico, se movía con una fuerza increíble.

En tiempos de paz, con ese abrigo raído, que apenas alcanzaba para cubrir a medias su vientre hinchado -y que el soplo de las montañas se empeñaba en abrirle, como queriendo burlarse de su gravidez-, con esa cara demacrada por las secuelas de la mala noche, con ese pelo enredado que evidenciaba la prisa con que había resuelto salir de su apartamento, con esa rodilla maltrecha, cualquiera la habría confundido con una de esas locas...

Arriba, en el puente -al tiempo que intentaba alejar de sí esos moscos diminutos que se empeñaban en seguirla- permaneció unos minutos contemplando las aguas negras que transportaban a cuestas la basura que bajaba de los cerros. Y por primera vez no sintió horror cuando descubrió que una rata mordisqueaba sus zapatos, sino una especie de solidaridad irracional que le sirvió para consolarse.

Cuando al fin arribó al hospedaje, Gabriella fue incapaz de entrar. Se quedó allí, plantada, debajo del arco que servía de paradero de autobuses, tratando de sacar de su rostro el agua que le escurría por las mejillas -acumulada por el efecto sumado del sudor del esfuerzo, de la llovizna que se había desgranado unos minutos antes y de las lágrimas que ya no pudo contener. Al rato, una pareja de gitanos salió del hospedaje. El chirrido que se produjo con el vaivén de la puerta -y que resonó para Gabriella como el llanto de un recién nacido- la indujo a entrar, estremecida por lo que, creyó, era un signo de la proximidad del parto."


El horror ya le ha abandonado, así como el cansancio y las tensiones. Ya ha asumido su destino: tener un hijo.  Y aunque se queda ahí, plantada, incapaz de entrar al hospedaje, sabe que no hay vuelta atrás, que hace mucho que no había vuelta atrás y contempla la puerta con miedo mientras siente que la hora de dar a luz está cerca. 
E intenta alejar sus miedos, e intenta hacer de tripas corazón, pero el presente puede más y el futuro se agolpa a sus puertas llamando con decisión. Porque podemos huir de nuestra vida, de nuestro presente; podemos intentar vivir de nuestro pasado, pero llega un momento en que la realidad se nos echa encima y parece darnos dos bofetadas, como para despertarnos de nuestro letargo, e intentamos hundir la cabeza aún más, como si esto fuera posible, que a veces lo es, hasta que nos damos cuenta que hay un mundo esperándonos afuera, que no es tan maligno, ni tan benigno, simplemente es y tal vez la pregunta que deberíamos hacernos es si queremos tener un lugar, no en esa sociedad, sino en ese mundo.

Gabriella Infinita: Mudanza. Mesa

"En realidad, de esa firmeza de sentimientos, de esa personalidad enérgica que siempre la había distinguido ante los demás, no quedaba ya nada. Estaba completamente confundida. Y no era para menos: Gabriella había completado seis meses de una espera interminable, llena de angustias y mentiras. Una espera que había terminado por disipar toda ilusión. De un lado estaba la intermitencia evasiva de los contactos con Federico, sus disculpas y sus mudanzas impredecibles, la exasperante prolongación de su ausencia. De otro, el increíble vínculo con su hijo: ese sueño que tanto la atormentaba, ese mar de preguntas que había ido tejiendo su propia realidad a punta de pura incertidumbre, esa presencia invisible pero real, tan real que ya casi no la dejaba mover, tan real que a veces le hablaba sin palabras y sin rostro desde su habitación de sangre. Había estado expuesta, pues, a la presencia de la ausencia, algo que nunca antes había experimentado, algo que, si bien le había permitido el contacto con las fuerzas del misterio y del espíritu, también la sumergía en medio de la plétora.

El sentimiento de irrealidad se le había colado de igual modo a través de la extraña relación que mantenía con los demás. A los amigos había que sostenerles una farsa, una historia que exigía cierta solidez narrativa, cierta consistencia al menos verbal, ese rigor desesperante de la verosimilitud, que ya no se sentía capaz de prolongar. A cada pregunta, una falsa respuesta que a su vez generaba una nueva pregunta... ¿Cómo explicar la ausencia de Federico si ella misma no tenía claridad, si no podía construir una razón que pudiera ser expuesta en público, en ese mundo exterior que exigía motivos concretos, como la separación o el abandono? ¿Quién podría comprender razonablemente que Federico se hubiese alejado apenas unos días después de haberse confirmado lo de su embarazo, si ella misma había tenido tantas dudas, si ella misma le había reprochado en su momento la frialdad con que había recibido la noticia?"


La Espera. Eterna, perpetua, pertinaz, infinita. Siempre presente mientras dura; está a tu lado apoyándose en tu hombro dejando clara su presencia porque, ¿es que acaso en esta sociedad nos han preparado para ella? La espera permite la reflexión, permite plantearnos cosas que en circunstancias normales tal vez no tenemos tiempo para hacerlo. O tal vez, incluso, si bajamos aún más de nivel, la espera nos permite aprender a esperar. Las cosas no siempre nos vienen en el orden que nosotros queremos ni con el timing que nosotros desearíamos, y está demostrado que los niños que aprenden a esperar tienden a ser más felices porque no se sienten en seguida frustrados.

La Espera. Tal vez la vida misma sea el resultado de una espera, un impás entre silencio y silencio. Venimos del olvido y vamos al olvido. Quizá debamos intentar que este momento de no-silencio, de no-espera tenga un sentido, aunque sólo sea para nosotros.

Gabriella Infinita: Mudanza. Carpeta

"Sí. Todo podía ser puesto en su lugar: los discos, las fotografías, los manuscritos, las cartas, las grabaciones, los libros, los videos, los recortes de periódico, todo podía ser ordenado y quién mejor que Gabriella para hacerlo, ella que había conocido a Federico, que había sufrido sus absurdos cambios de ánimo, sus ideas locas, ella que cargaba ahora un hijo suyo en el vientre. Un deber, era incluso un deber; no sólo el orden mismo de los materiales, sino el aporte que sus propios recuerdos, deseos y sentimientos pudieran hacer para resolver el misterio. Sentía haber encontrado por fin una razón para seguir adelante. Tenía la certeza de poder encontrar un tejido tras la maraña; algo empezó a decirle que no debía detenerse, que, aun cuando la verdad fuese dolorosa, debía rastrearla, que Federico le hablaba desde allí, como antes desde su ausencia infinita.

Así que, por puro instinto, se acercó al anaquel de libros. Tampoco allí parecía haber orden: volúmenes dispersos en los estantes, algunos caídos sobre las entretablas, otros agrupados de a tres o cuatro, pero sin una aparente secuencia: "La casa encantada" de John Barth, los cuentos de Borges, una edición especial de "Casa tomada" de Julio Cortázar, "El nombre de la Rosa" de Eco. La luz del ventanal ya no era suficiente para apreciar los títulos, de modo que Gabriella accionó la lámpara que colgaba de uno de los parales del estante. Casi en seguida, descubrió una carpeta de papeles, encuadernada con un grueso cartón de color azul, marcada con unas letras doradas que le llamaron la atención: INFORME DEL GUERRERO. Sintió que una corriente eléctrica atravesaba su vientre. No podía creerlo: ¡el informe había llegado hasta allí! Abrió las primeras páginas, pero, aterrorizada por las imágenes que la asaltaban, soltó el ejemplar..."


Obsesión. Todo tiene un sentido, todo está ahí, no lo toques, no lo cambies, él, Federico, lo puso. Y lo debía parar, no debía detenerse, no debía cesar en su empeño de encontrar una razón, una explicación, un sentido para todo aquello, aún cuándo fuera desde el dolor, desde la ausencia, desde el olvido.

Y tomó un libro, un volumen aparentemente al azar entre el desorden que parecía reinar, ejemplares caídos, títulos tumbados, obras incompletas, series salteadas. Pero había algo, algo que no sabría decir muy bien qué, había un orden en ese caos, una indicación, una señal que parecía marcar algo, aunque no supiese ni qué señal era ni qué era lo que marcaba. Y súbitamente lo vio; o tal vez permitió que lo viese, en su obsesión, en su inquietud: "El Informe del Guerrero". Y todo cobró sentido, todo pareció guardar un orden, todo pareció establecer una secuencia.

Y entonces, en la habitación, sólo hubo una cosa: el informe.

jueves, 7 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Mudanza. Fotografía

"En el cuarto de Federico todo era caos: apenas podía distinguirse una cama angosta, sin tender, y un anaquel destartalado y casi vacío, en medio del mar de cachivaches revueltos que inundaba el piso de la habitación. Como si el morador hubiera tenido demasiada prisa por salir, los utensilios del baño -apenas preparados, pero aún sin uso- lucían allí abandonados a su deterioro; incluso goteaba todavía la llave mal cerrada de la ducha.

En el comedor, algunas tajadas de pan duro y varias tazas sucias, todas manchadas por un chocolate remoto, indicaban cierta displicencia. En la sala de al lado, un viejo computador, cubierto con tiras de papel -que seguramente, tras el abandono, habían terminado por enredarse en la impresora-, parpadeaba como un ojo enfermo. En el piso, un cúmulo de objetos regados: periódicos, ropa sucia, zapatos viejos, maletas y, sobre el velador, una postal raída que Gabriella reconoció en seguida."



Un anaquel destartalado, un mar de cachivaches revueltos,  una mal cerrada ducha... Una vida rota, incompleta, un sin sentido que inunda su realidad maltrecha. Y mientras Federico trata de sobrevivir de alguna forma a la vorágine que le devora, que le ahoga pero no le mata, que le hace seguir vivo o tal vez, pensar que lo está.



Gabriella Infinita: Mudanza. Objetos II

"Una fulguración intensa, como un relámpago, iluminó inesperadamente la alcoba. En seguida se escuchó una detonación muy fuerte. Gabriella se acercó a la puerta y con temor la entreabrió. No se veía nada en el corredor. Avanzó con cuidado hacia a la escalera. El silencio que se instaló de pronto en toda la casa la indujo a pensar de nuevo en esa extraña y simultánea cercanía de la vida y de la muerte que ahora la mantenía tan excitada. La casera no se veía por ningún lado, tal vez ya había abandonado el lugar como todos (no había pensado en eso) y entonces quizás ella estaba ahora sola. O tal vez la mujer se había refugiado en su propio cuarto y a lo mejor también empacaba las pocas cosas que podría llevar a otro lado. Quizás, como ella, se detenía en el contacto con los objetos, viviendo de nuevo el pasado que trasmitían sus resonancias. Tal vez también la dominaban los recuerdos o lloraba la inexplicable ausencia de algún ser querido..."


Siempre incertidumbre. Detonaciones a nuestro alrededor que nos hacen replantearnos nuestros principios o escabullirnos de lo que nos rodea en busca de un poco de tranquilidad. Pero al final, no la hay. Los relámpagos nos ciegan y los truenos nos ensordecen porque la paz, en caso de que esta exista, está en nuestro interior. Y por mucha paz que reine en el exterior si nosotros no estamos en consonancia, de poco nos sirve.

Gabriella Infinita: Mudanza. Fotografías

"Si algo de la relación con Federico había mortificado siempre a Gabriella, fue precisamente el desconocimiento casi absoluto de su pasado. El se empeñaba en evadir las preguntas, en restar valor a esa información que ella creía necesaria. En cambio, Federico insistía en la necesidad de recomenzar, de cortar lazos, de estar dispuesto siempre a iniciar una nueva vida. A veces, sin embargo, algunas cosas del pasado de Federico se atravesaban en el camino; en forma de saludo inesperado en la calle o de distracción inexplicable, en la atención a llamadas telefónicas misteriosas o en la entrevista con personas desconocidas que Gabriella no tenía derecho a tratar.


En ocasiones, ese pasado incierto se materializaba en las discusiones, en los conflictos, en esos diálogos absurdos en los que lo dicho no conducía a nada, diálogos vacíos que llegaban a enredarlos hasta el desespero. Quizás algunas cosas llegaban con claridad: esa visión de mundo, esa manera de actuar y de decidir, incluso esa manera de amar que sólo podían ser resultado del pasado que Federico negaba. También algunos gustos, el terrible desarraigo que le impedía vivir tranquilo; cosas que Gabriella podía comprender e incluso explicar sin necesidad de recurrir al interrogatorio."


Una vez más el pasado toma cuerpo y hace acto de presencia en nuestro día a día. El ser humano es un animal curioso. Es el único que vive más en el pasado o en el futuro que en el presente.
El Pasado. Lo añoramos, lo odiamos, es nuestra ¿maldición? y nuestro bagaje. Cuando es nuestro presente hacemos caso omiso del mismo, sin embargo cuando ya ha pasado lo añoramos como si hubiera sido una vivencia extraordinaria.
El Futuro, vivimos esperando ese Momento especial en el que todo va a ser distinto pero no nos damos cuenta de que estamos dejando de disfrutar de esos pequeños momentos que son la verdadera esencia de la vida.
Y al final, el Presente transcurre sin pena ni gloria ante nuestra mirada perdida haciéndonos pequeños saludos que nosotros no hacemos caso.  Pero la vida transcurre y por obvio que parezca y por muchas veces que nos lo hayan repetido, el Pasado, pasado está y el Futuro aún no ha llegado, pero hacer frente al Presente no es cosa fácil.

miércoles, 6 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Mudanza. Gabardina

"La maldita firmeza de sus sentimientos se había ido a la basura, definitivamente. Pero ahora, Gabriella tenía la necesidad de saber algo más, de comprender el motivo de los movimientos de Federico en estos últimos seis meses; y ahí estaban sus cosas, invitándola a construir la historia, la verdadera historia. Quizás bastara con dejarse llevar por el instinto.

Tal vez, después de todo, la ausencia de Federico y la presencia incierta de su hijo tuviesen algún sentido. A lo mejor, la vieja gabardina [sic. no] estaba allí porque Federico olvidó llevársela o por que no tuvo tiempo ni lugar para tanta cosa, quizás estaba allí para indicarle algo; algo que podría llegar desde el recuerdo de los primeros días, de los días lluviosos, los días buenos, los de la pasión, los días en que se quisieron totalmente, aquéllos en que todo era piel entre ellos.
Cómo olvidarlos: desde el cruce de sus primeras miradas, cuando él llegaba, apuesto y joven profesor, a dictar su cátedra, Gabriella se estremecía y ya no podía tranquilizar sus manos, y sus labios cometían torpezas que delataban lo que para todos era evidente: que estaba loca por el maestro."




A veces, el pasado atora nuestra mente y nuestro corazón. Es como una marea negra que nos impide pensar con claridad, que nos ciega el presente y nos llena de bruma nuestro futuro. La incertidumbre, el sino del ser humano nos persigue y nosotros nos empeñamos en intentar encontrar ecuaciones que lo resuelvan todo sin darnos cuenta de que tal cosa no existe. Y la Realidad nos da palmaditas en la espalda y sonríe mientras contemplamos, asustados como los acontecimientos toman un cáriz inesperado para nosotros sin darnos cuenta de que, en esta vida, todo nos viene dado y la única verdadera libertad que tenemos es la de cómo nos tomamos las cosas que nos suceden. Estamos inmersos en el Río de la Vida que nos zarandea de un lado a otro sin que podamos hacer nada salvo, tal vez, pensar.

Sin embargo, en la sociedad de hoy en día eso no está bien visto, pensar, reflexionar por uno mismo no es "in". Hemos de pertenecer a una corriente que nos defina. Cuando esto no ocurre, cuando somos críticos, cuando pensamos por nosotros mismos sin dejarnos llevar, somos un escollo para todos, un enemigo común al que la gente mira con extrañeza porque no es del partido A ni del B pero apoya la medida X propuesta por el B aunque la medida Y la dejó a la altura del betún. Parecía más próximo al partido A pero las medidas que está tomando en estos momentos de crisis no le parecen apropiadas por los motivos a, b y c. Pero entonces, ¿estás conmigo o contra mí? Y cómo decirles que no es una cuestión personal, que no vamos por ahí, que se trata de competencia a la hora de tomar medidas para mejorar la situación en la que vivimos basándonos en una serie de argumentos basados en hechos reales pero en ningún momento personales. Eso último parece que nunca lo escuchan porque oírlo lo han tenido que oír porque te cansas de repetirlo.

Al final, llega un momento en que te cansas, les das la razón a todos y escribes un blog.






martes, 5 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Ruinas II

"Tal y como había sucedido desde hacía más de tres meses, el ataque fue imprevisible y corto, pero demoledor. En realidad no había manera de prepararse, pues los bombardeos podían afectar cualquier sector de la ciudad y no respetaban ningún horario. Tanta era la impotencia que había cundido ya el malsano deseo de que se extendieran de una vez por todas. Pero, al parecer, los agresores deseaban minar toda resistencia antes de intentar la aniquilación final.
Cuando pareció que el ataque había cesado, Gabriella decidió seguir su camino. Avanzó por la Avenida Central hacia el sur y luego dobló por la Calle Diecinueve hacia las montañas. El paisaje de una ciudad, ahora desolada, no podía ser más aterrador: contra el reloj de la avenida, un autobús ardía todavía, mientras algunos buitres intentaban violar sus ventanas en busca de carroña. Un viento mortecino levantaba papeles y basura en cortinas que obligaban a los transeúntes a doblar los brazos a la altura de sus cabezas para protegerse. Desde las ventanas altas de los edificios, descendía un hollín pegajoso que, poco a poco, cubría los árboles y las calles. Al fondo, el Cerro Tutelar lucía calvo y envejecido.
En el sitio donde solían tomar café capuchino con Federico -en ese lugar que siempre consideraron como un refugio que les permitía burlar las rutinas- sólo había ahora cemento regado, mesas dispersas y una  horrible oscuridad. La dulcería de arriba había sido completamente saqueada y del restaurante de la esquina, donde a veces habían cenado juntos, ya no quedaban en pie ni las puertas. Casi todas las casas del Barrio Viejo estaban destrozadas; ésa que alguna vez soñaron alquilar estaba convertida en un triste socavón y las tenduchas, donde se detenían en otros tiempos a charlar con los vecinos, habían sido clausuradas."

http://www.javeriana.edu.co/gabriella_infinita/ruinas1.htm

A veces pienso que esos ataques cortos, demoledores que tienen lugar no son más que una parte de nuestra realidad interior, una realidad creada por nosotros mismos con el fin de encontrarle un sentido a las cosas. Los bombardeos, la realidad exterior, nos ataca con imágenes e información despechada y sin sentido, cada vez más. Y no hay sentido, porque el sentido somos nosotros, está en nosotros y en lo que hacemos por nimio que nos parezca. Por ello, no hacer nada es la mayor crueldad que podemos autoinflingirnos, es impedirnos ser nosotros mismos, es impedirnos empezar a apreciar nuestra vida creando pequeños refugios que hagan que la vida tenga algún sentido. 

Y mientras el mundo se derrumba a nuestro alrededor intentando construirse sobre principios que no durarán mucho, que se desmenuzan por poco que pensemos pero, claro,  pensar no es... chic,  y caemos en el rebaño, en el pensamiento tribal, tan fácil, que nos exime de responsabilidades, eso que nos molesta tanto. 
Y mientras arde el bosque, arde el bosque de los principios y buenas intenciones que un día tuvimos y que no nos hemos vuelto a plantear porque resultan molestas, porque nos son incómodos. 

domingo, 3 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Mudanza. Objetos

"Como si temiese aumentar el desorden de la habitación o estropear los objetos, Gabriella caminaba con cuidado por entre los escasos espacios que quedaban aún libres, burlando obstáculos y apoyándose en las paredes. Sus pasos producían un sonido crujiente y amortiguado que se hizo aún más intenso en cuanto cesó la lluvia y amainaron las explosiones.

Resolvió entonces empacar rápidamente las primeras cosas en una pequeña caja de cartón que encontró en el baño. Según lo que había dispuesto -tras la pérdida del contacto y ante la inminencia de la extensión de los ataques-, su intención era recogerlas lo antes posible, llevarlas hasta el apartamento y esperar allí a Federico, donde quizás estarían más seguros que en el centro de la ciudad. Pero esa determinación duró muy poco. Bastó que se detuviera en la selección de algunas prendas para que el afán que llevaba se esfumara por completo: allí, el viejo paraguas que tantos recuerdos le traía y, más allá, la gabardina; cerca del anaquel, los libros, esos fetiches que ambos habían compartido con intensidad; sobre la cama, más fotografías, más imágenes inevitables; junto a la pared, detrás de la grabadora, un misterioso arrume de casetes y de cintas de vídeo; regados por el suelo, manuscritos y recortes de periódico. Objetos, todos, que empezaron a saturar su ánimo de resonancias. Así que se detuvo un poco más en cada cosa; a lo mejor, ese desbarajuste que había dejado Federico en su huida era aparente; a lo mejor había claves que le pudieran llevar a resolver el enigma."



Al leer este nuevo pasaje introductorio se me vienen a la mente los haikus japoneses:
Para el Haijin, dedicar la vida a sentir es la forma de consagrarse al mundo. El cultivo de los sentidos (y no hay otro modo de hacerlo que complaciéndose en la belleza y en la mera existencia de todo en la Naturaleza) es el único norte y razón de ser de un hombre espiritual como el haijín:
Los rayos (en el cielo)
El sonido de las gotas de rocío
cayendo desde el bambú1.
Por ello, escriben siempre en un presente continuo narrando lo que ante ellos ocurre para que no se pierda en el olvido.

Así, al leer este texto no puedo evitar dejar de pensar la temporalidad de todo lo que ocurre y que de alguna forma, debemos inmortalizar ese momento único e irrepetible, como hace el haijín. Porque sólo somos eso una hoja que cae, que vino de la oscuridad y volverá a la oscuridad,  nació del silencio y se sumirá en el silencio y que por ello, en este breve momento de no-silencio, debemos hacer que nuestras palabras valgan la pena.


1. HAYA, V.: Haiku: La vía de los sentidos. Valencia: Diputación de Valencia, 2005

sábado, 2 de abril de 2011

Gabriella Infinita: Ruinas I

"Como si aún no hubiera despertado de su última pesadilla, Gabriella Ángel se encontró de pronto en medio del caos de unas calles repletas de automóviles abandonados y de gente que, intentando esquivar los latigazos que descargaban las ondas explosivas de las bombas, corría de un lado a otro enloquecida.

Había pasado la noche conversando con Diana, su amiga del alma, quien no había logrado salir a tiempo para su casa y tuvo por eso que quedarse en el apartamento. A las seis de la mañana, cuando el padre de Diana pasó por ella, Gabriella pudo al fin pegar el ojo. Soñó casi de inmediato con Federico. Lo vio recostado sobre la banca de un parque, como si estuviera durmiendo, tapado con una gran manta que le cubría hasta el rostro, pero que le dejaba al descubierto los pies, calzados con unos zapatos viejos. Gabriella se acercó y le quitó la manta de encima y así descubrió su calavera, horrenda y sonriente. En un lapso no mayor a dos horas, Gabriella despertó varias veces y varias veces se durmió. Cada vez, el sueño se repitió idéntico, sólo que algunos detalles se fueron sumando, casi imperceptibles, a la escena inicial. En el último, pudo identificar el parque y las calles aledañas. Se trataba de la plaza de Lourdes, precisamente el lugar donde Diana había asegurado haberlo visto la última vez. No lo pensó más. Salió a la calle en su búsqueda." 


El golpeteo rítmico del platillo parece abarcarlo todo mientras comienzo a leer el texto haciéndose cada vez más presente, inundando sin clemencia la habitación en la que me encuentro.
Gabriela corre por el caos de las calles repletas de coches abandonados y mientras yo intento ponerme en su lugar y mientras corre, recordar la conversación con Diana. Y sin embargo y a pesar de la originalidad del texto, personalmente me cuesta mantener la atención en él puesto que  el hilo argumental del texto, no sólo es fino, sino que a veces se corta directamente.
A pesar de todo, está narrando una noche intranquila y me lo transmite perfectamente porque es muy similar a mi lectura; así y de manera física y conceptual me hace partícipe de los sentimientos de la protagonista. Finalmente, hace lo que haría cualquier lector ante un texto así o un soñador que atraviesa una noche intranquila y llena de presagios: Gabriela sale a busca a Federico.
En mi caso, este tipo de entradilla daría pie a un relato intranquilo, de búsqueda de algo perdido bajo la forma de Federico que no necesariamente ha de ser una persona. Está íntimamente relacionado con el pasado de la persona, sin el cuál no tendría sentido, y es su inicio y su final. Me inspira una crónica de una muerte anunciada, algo que debe ocurrir y que no puede ser eludido ya que forma parte del proceso de madurez del personaje que se ve vuelto en este pasaje.
Personalmente, el ritmo constante y envolvente tiene sentido en esa búsqueda ya que hace patente esa intranquilidad del personaje. Aun así, me parece demasiado agobiante y debería haber una opción para modularla.
En otro orden de cosas, el corto que aparece al inicio expresa a la perfección el sentimiento que el texto posterior prentende transmitir.